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El recuerdo de una flor


Hoy me encuentro como hace dos días, sólo que un poco diferente.

Estoy otra vez aquí en mi casa, sola, con un montón de llamadas pérdidas en el celular, plantas secas y un pez muerto que apesta la sala.

Es asombroso encontrar al tiempo plastificado en cada objeto, materializado en el aire. Sentirlo nuevamente absolviéndome, preguntándome hasta cuando, Nova.

Pero nada me quita la felicidad de mi viaje, aquel espontáneo arrebato de tomar el primer camión de la central, de elegir esa maldita voluntad, de tener libertad. Decisión de llevar sólo un sleeping bag, una lámpara y una tarjeta.

A pesar de que para mí sólo fuera un poco de aventura, un momento de caprichos y desplantes, algo más ocurrió. Todo estaba ya decidido; desde el número cabalístico del asiento, hasta los segundos que permanecí despierta en la madrugada o en momento en el que me perdí para encontrarme.

Eso es todo lo que desea escribir: un solo recuerdo, por que los demás son de otras flores.

Noticia 13:48.

12 horas. Despierto. Limpio mis ojos de sal seca. Recojo mi almohada del piso, mis sábanas tibias.

Corro al baño y orino. Enciendo el calentador, giro la llave y llueve. Mis plantas secas, mi cabello húmedo. Tallo mis brazos y espalda. Otra vez llueve en mí.

12:40. Seco cada poro, mis rizos los peino. Una huella de agua queda en el piso, el baño cálido vapor. Quito mi toalla y desnuda me miro.

Tomo mis prendas sucias y las respiro, las nuevas las rocío de brisas otoñales. Mi cabello a gotas marca mi pecho.

13 en punto. Abro mi ventana, tomo una manzana y la muerdo con fuerza. Me quedo viendo el trazo de un avión en el cielo. Entro a casa.

Corto pan, bebo, sorbo, mordida, trago, sorbo, masticar, asco. Estoy llena. Recojo todo y limpio.

13:40. Comienzo en mi recámara, alimento al pez. Levanto otra almohada, la sacudo. Las sábanas las extiendo, todo queda como anoche. Enciendo el radio.

13:48. La sábanas tibias ahora frías. En mí un doloroso estremecer.


Para ti, Carlos Monsiváis.

Confesiones I


Elige mentir.

Elige no salir, quedarse días en casa, en el sótano. Mover pies en cocina y baño.
Elige mucha televisión, tener una mano en el control y otra hundida en la bragueta.
Elige ver pornografía, ver como el falo entrevenado, sale y entra, embistiendo carne y jugo.
Elige disfrutar del dolor, venirse entre olor a tocino, mirando el rostro ensangrentado.
Elige no dormir, durante; horas, días.
Elige no recordar.

Elige recordar a tu madre escupiendote.
Elige sentir las noches de llanto y odio.
Elige escaparse, huir en cualquier camión.
Elige matar, mirar el débil semblante rojo.
Elige olvidar.
Elige creer que no morirá.
Elige oír la verdad, sentado entre delirio y razón.
Elige esperar y no saber qué esperar.
Elige mentir.

Elige pensar en salir.
Elige creer en renacer.
Elige llorar.
Elige morir loco.
Elige morir solo.

A Dios, María y Manuel

Dícese la oración de Semana Santa:

“Os adoro mi Jesús,
Vos que siendo Dios
y muriendo por mí ".

-No mamacita, voy a salir con Manuel-.
-Ah, mija cuidense mucho. Has la oración que compramos el otro día en la basílica-.
-Sí mamacita, ya me tengo que ir-.
-Bueno que Dios los bendiga, adiós-.


-Manuel vámonos ya-.

¡Oh, Cruel muerte la vuestra!
Quisisteis quedarte en esta humilde forma.
Bendito Seáis mi Señor!

Eran las siete de la tarde, Manuel y María recorrían las calles de toda la Ciudad.
-Y si vamos a las "Cremas"-.
-Don Pedro salió a su pueblo-.
-¿Y "El canto Azteca"-.
-También cerrada-.
-Vale madres... tanto pinche rezo apendeja-.
-Espera... que tal "La puerta del Sol"-.
-Pues va, estaciónate ahí-.

Hermoso Corazón que me ama
a pesar de mi gran debilidad de hombre pecador.
¡Yo, Oh Jesús, siento en mi alma
arder el fuego de vuestro Amor.

Una o tal vez dos personas estaban reunidas allí. Un coronel, el cantinero y su esposa. Manuel y María eligieron el lugar más aislado: una esquina sin luz, ni ventilación, ni radio. Comenzaron con cerveza. A esto le siguió tequila y un "Matusalen".

-Salud María-. -Salud Manuel-.

Jesús, ¡Oh mi Amado y dulce Redentor!
Os amo ahora, y por siempre
os amaré igual.

El domingo terminó. Un viejo reloj de "La puerta del Sol" marcaba las tres de la mañana. Y Manuel y María reían, bailaban y tomaban. "La puerta del Sol" cerraba a las tres. Y con las últimas gotas de la felicidad Manuel y María brindaron por Dios.

Amen.