Entró torpe y pesada,
empujo la puerta que no está.
Y mis ojos caen como enorme canicas,
que ruedan y llegan a ti.
Grito y mi boca huye a esconderse en mi estómago.
Ordeno irse a mi cerebro,
pero él flota en mi estómago.
Mis manos las alzo a ti,
la izquierda toma un arma,
la derecha una pluma,
y lo demás una manzana.
Todo el cuarto se inunda de mí;
de mis lágrimas que son dos chorros de sangre,
de mi sangre que son gotas de lodo.
Pero tú no te ahogas,
estas en ella.